martes, diciembre 11, 2007

Unas palabras sobre "No Country for Old Men"

Creo que alguien tiene que decirlo bien claro: No Country for Old Men es una buena película, quizá una gran película, pero no es la puta hostia (arrástrese la “s” de hostia para hacer más énfasis). Ayer mismo se anunció que el Círculo de Críticos de Nueva York va a otorgar cuatro premios a No Country (incluidos los de mejor película y mejor guión) y a mí me da que la cosa está un poco sobrevalorada, cuando menos. Ya se sabe cómo funciona el negocio de los críticos de cine: un grupúsculo de supuestos entendidos, con o sin farlopa de por medio (¿Carlos Boyero? ¡Presente!), decide en un momento dado que quieren masturbarse (intelectualmente hablando) con una película. Lo de menos es la película en sí: ellos sólo quieren soltar frasecillas como “este filme es ya un clásico”, “una película digna del mejor Martin Scorsese”, y panoplias similares. Y si encima puedes invocar la marca hermanos Cohen, pues qué más se puede pedir… Por cierto, Javier Bardem hace un trabajo más que decente, que confirma que es un actor y no un showman estilo Antonio Banderas, pero tampoco creo que haya hecho el gran papel de su vida. Sería cachondo que le dieran un Oscar por su papel en No Country después de habérselo negado en Antes que anochezca y Mar adentro. Esta injusticia es sólo comparable a los Oscar que le han birlado ya a Joaquim Phoenix, empezando por su papel protagonista en Walk the Line y siguiendo por sus roles secundarios en Quills y Gladiator. Cuánto ignorante suelto hay por ahí.

Siguiendo con No Country, tampoco veo nada especialmente raro en que haya gente que se dedique a hacer matanzas en la pacífica e ilustrada Texas. Lo raro sería casi lo contrario, teniendo en cuenta como está el patio. Tampoco sería justo echar siempre la culpa a los yankies: entre las entrañables memorias de mi niñez, recuerdo un loco que se pasaba todo el día sentado en su portal, a unos treinta o cuarenta metros de la casa de mi abuela. El hombre daba miedo porque combinaba un cincuenta por ciento de mirada perdida con un cincuenta por ciento de frío escrutinio de toda persona que pasaba delante de él. Vamos, que el pollo parecía ir a saltar a por alguien en cualquier momento. En el pueblo se decía que el tipo era un superdotado que empezó a hacer Matemáticas y que, de tanto estudiar, había perdido la cabeza. Viendo la mirada perdida de Bardem no puedo evitar acordarme de aquel vecino, rapado al cero y pertrechado con la boina de rigor, que llenaba de intriga mis tiernos veranos. Mi infancia son recuerdos…

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4 Comments:

At 5:45 p. m., Anonymous Anónimo said...

Cambiando de tema, ya que este blog está especializado en desenmascarar impostores: ¿no es un poco exagerado darle el Nobel de la paz a Al Gore? Si lo hacen para llevarle la contraria a don Cesar, pues vale, pero eso de darle un Nobel a una persona que hace una campaña de auto promoción (con la excusa de defender una idea elevada) me parece bajar aún más el listón de los Nobeles.

 
At 7:02 p. m., Blogger arbusto el guerrero said...

Tiene usted razón, caro anónimo: Al Gore se merece el próximo post o, cuando menos, un breve comentario (en clave despectiva, por supuesto). Algo habrá que hacer con eso.

 
At 8:22 p. m., Blogger Hans said...

A mi lo que me pasa es que Bardem me cae bastante mal: tome nota, Mr. Bush: me parece de lo más desenmascarable.
Aparte de que me da mucha grima (como también la cosa ésa que evidentemente es su madre: tienen la misma cara bruta hecha a golpes y un aspecto guarrillo parecido), me carga mucho su punto progre-coñazo-salvapatrias. Alucino: el muy borderline se ha puesto a pedir condenas de Ánsar por la acción iraquí... EN CUBA, ese paraiso ilimitado cuya idea de la política exterior ha sido siempre la exportación de la Revolusión (sic), mandar armas y 'asesores' a África para expandirla, etc, etc. Es como una broma, ¿no?

 
At 5:04 p. m., Anonymous Anónimo said...

Si la crítica pretende tener algo de rigor debería empezar por, cuanto menos, saber escribir los nombres correctamente. Cohen, es un bonito apellido, pero no el de los directores de No Country for old men, que se escribe Coen. No cuesta tanto ser preciso, pero para eso hay que mirar la ortografía y no el ombligo a uno mismo.

 

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